Saber reconocer un nido de velutina es lo que evita buena parte de los accidentes de cada temporada, porque casi ninguno se produce por acercarse a un nido que está a la vista, sino que con frecuencia los ataques de avispa velutina se producen por pasar o trabajar al lado de un nido que nadie había visto. Y esto suele suceder por algo que mucha gente desconoce: la avispa velutina no construye un nido, construye dos a lo largo del año: primero uno pequeño y a poca altura (a menudo en matorrales y aleros, incluso en el suelo), y tras unas semanas, cuando la colonia crece, se construye otro mucho mayor. Es por eso que si se detecta un pequeño nido, ya sea entre matorrales o en el alero de un tejado, e incluso aunque esté vacío y abandonado, es importante saber que es señal de que hay otro cerca en plena actividad y de que conviene extremar la vigilancia en toda la finca, pues el riesgo de ataque es alto.
En Xorsa fabricamos trajes de protección contra la avispa velutina desde hace años, con patente europea y certificación de AITEX, siendo los nuestros los únicos que reúnen las garantías y certificaciones exigidas para que puedan emplearlos los organismos oficiales de toda Europa, por lo que nuestros trajes son usados por profesionales de todo el continente. Esto nos mantiene en contacto permanente con lo que sucede sobre el terreno y en climas y territorios muy dispares, desde las zonas donde la especie lleva más de una década instalada hasta los frentes de expansión más recientes, y lo que nos llega de unos y otros coincide en dos cosas: que la temporada se adelanta un poco más cada año a medida que suben las temperaturas, y que el nido pequeño, que tan importante es localizar en primavera, a menudo pasa inadvertido.
El nido primario de la velutina, la primera casa de la reina
Todo empieza con una sola avispa. Las fundadoras fecundadas del año anterior pasan el invierno resguardadas en grietas, oquedades, montones de leña o rincones protegidos de cualquier construcción, y en cuanto la temperatura sube, entre finales de febrero y el mes de marzo según la zona, salen de la hibernación y buscan un sitio donde levantar su primer nido. Lo construyen ellas solas, masticando fibra de madera hasta convertirla en una pasta de celulosa con la que van modelando una estructura que al principio recuerda a un paraguas abierto del revés o a una campana, y que después se va cerrando sobre sí misma hasta dejar únicamente un orificio de salida en la parte baja. Hablamos de algo diminuto, de unos cuatro centímetros de ancho por seis de alto en sus primeras semanas, aunque puede llegar al tamaño de una naranja antes de quedarse pequeño.
La ubicación es lo que más despista, porque el nido primario no está en las copas de los árboles sino justo donde vosotros pasáis cada día: en matorrales, aleros de viviendas, porches, techos de cobertizos y garajes, marcos de ventana, casetas de aperos… muchas veces a la altura de la vista y a menos de tres metros del suelo. Durante esas primeras semanas la reina está sola, alimentando a la camada de la que saldrán unas cincuenta obreras, y se mueve en un radio corto, de unos doscientos metros alrededor del nido, buscando insectos y agua. Es también la fase en la que la colonia resulta más vulnerable, entre otras cosas porque una fundadora aislada tiende a huir antes que a atacar, y porque se calcula que cada nido primario neutralizado a tiempo evita la aparición de decenas de nidos al año siguiente. Eso no lo convierte en un trabajo para aficionados, conviene decirlo cuanto antes: los servicios que se encargan de estas retiradas suelen intervenir al anochecer o con la primera luz, que es cuando la reina está dentro, y lo hacen con el mismo equipo de protección que emplearían en un nido de agosto.
Quienes más nidos primarios detectan son los apicultores, sencillamente porque en primavera revisan el colmenar cada pocos días y acaban recorriendo con la vista los mismos aleros y cobertizos donde la reina se instala. Trabajar en el colmenar con el buzo de apicultor puesto protege frente a las picaduras aisladas propias de esa tarea, que es exactamente para lo que está pensado, pero conviene tener claro que el buzo de apicultor no protege de la picadura de velutina, ya que el traje de apicultor no tiene ni el tejido ni el color adecuados para proteger adecuadamente, como ya explicamos en la comparativa entre traje de apicultor y anti avispa velutina.
Cuando la colonia se muda: así es el nido secundario
En cuanto las primeras obreras están operativas y la población crece, el nido primario se queda corto y la colonia se traslada. Las obreras eligen un emplazamiento nuevo, casi siempre en altura, y levantan allí el nido secundario, esa esfera de papel que todo el mundo asocia con la avispa asiática y que puede alcanzar los ochenta centímetros de diámetro y cerca de un metro de altura, con casos documentados aún mayores. El crecimiento es rapidísimo, cuestión de semanas, y en el interior llegan a convivir varios miles de individuos entre obreras, larvas y, ya en otoño, los machos y las futuras reinas que perpetuarán el ciclo.
El emplazamiento típico de los nidos secundarios de avispas velutinas son las copas altas, con frecuencia por encima de los veinte metros, lo que explica que tantos nidos pasen inadvertidos hasta que el otoño tira la hoja y los deja a la vista de golpe. Pero no todos están arriba, y ahí es donde empiezan los sustos: también aparecen en setos densos, en zarzales, en matorral bajo, en el interior de naves, bajo tejados y en huecos de muros, es decir, a la altura exacta a la que trabaja cualquiera que esté desbrozando una linde o limpiando una parcela abandonada. La colonia alcanza su máximo de actividad y de agresividad precisamente entre septiembre y octubre, que es cuando más biomasa necesita y cuando más defiende el entorno del nido.
Ese cruce de circunstancias, un nido oculto en la vegetación y una colonia en su punto álgido, es el que convierte los desbroces de finales de verano y otoño en la situación de riesgo que más nos trasladan. No hace falta tocar el nido para provocar el ataque, porque la vibración de la máquina y la simple proximidad bastan para que la colonia salga en bloque, y cuando eso ocurre no hay tiempo material de retirarse. Por eso insistimos tanto en que quien desbroza en zonas con presencia de velutina asuma que tarde o temprano se va a topar con uno, y trabaje con equipo pensado para ese escenario concreto: la cazadora anti velutina de desbroce nació justamente de esa demanda, la de gente que no va a retirar nidos pero que se los encuentra. Al llegar el frío la colonia muere, las fundadoras se dispersan a hibernar y el nido queda vacío e inservible, de modo que la esfera que sigue colgando de un árbol pelado en pleno enero ya no supone un peligro, aunque sí sea una buena señal de que en primavera habrá fundadoras buscando alero por la zona.
Cómo saber que es un nido de velutina y qué hacer si lo encuentras
No todo avispero grande es de velutina, y afinar la identificación evita tanto sustos innecesarios como retiradas de nidos de especies autóctonas que no molestan a nadie. El de la avispa asiática es de forma esférica u ovalada, muy regular, hecho de papel de fibra vegetal con vetas de tonos pardos y grises y un acabado de aspecto satinado, y tiene un detalle que lo delata por encima de cualquier otro: la piquera, la abertura de entrada y salida, está situada en un lateral, en el tercio inferior del nido, y no en la base. El avispón europeo, con el que más se confunde y que además construye nidos primarios casi idénticos, suele instalarse en huecos de árboles, cavidades y desvanes, deja la parte baja abierta y no presenta ese aspecto satinado. Otras avispas comunes anidan en cavidades oscuras o bajo tierra, o cuelgan nidos cónicos más bajos y bastante menores que un balón. Lo más fiable sigue siendo fijarse en los ocupantes, la velutina tiene el tórax negro y las patas amarillas en su extremo, aunque eso hay que hacerlo desde lejos y sin invadir el perímetro que la colonia considera suyo.
En todo caso, cuando se detecta un posible nido de velutina la recomendación es la misma que damos siempre, aunque vendamos trajes: no se debe intentar retirarlo, a menos que se cuente con un traje específico de protección anti velutina, claro. Avisad al 112 o al ayuntamiento de vuestro municipio, que son quienes activan el protocolo de retirada con equipos formados para ello, y mientras tanto no golpeéis el nido, no lo mojéis con la manguera, no tapéis la piquera y no se os ocurra prenderle fuego, porque todas esas maniobras lo que provocarán es la reacción natural ante un ataque: la colonia entera fuera y atacando a quien perciben como un peligro.
La razón por la que la actuación ante nidos de velutina debe ser profesional es por sus características: el aguijón de la velutina es más largo y penetra materiales que detendrían a una abeja, el ataque es coordinado y se traduce en decenas de picaduras en segundos sobre las mismas zonas del cuerpo, y ninguna prenda convencional aguanta eso. Los equipos con los que trabajan los profesionales de la retirada de nidos de velutinas son ropa de trabajo concebida desde cero como EPIs diseñados específicamente para proteger frente a este riesgo, con estructura de triple capa, tejido Cordura de 290 gramos por metro cuadrado, capucha de malla de fibra de vidrio recubierta de teflón con luz de dos por dos milímetros, guantes forrados de kevlar, patente europea y ensayos de AITEX conforme al Reglamento UE 2016/425. Por eso es tan importante, si se detecta un nido, dejar que se ocupe de él quien va debidamente protegido para ello.
Todas las prendas que salen de nuestro taller, trajes y cazadoras anti velutina incluidos, se pueden personalizar con el distintivo de cada empresa o servicio, algo que en una intervención con varios equipos sirve para saber de un vistazo a qué brigada pertenece cada cual.
Y un recordatorio para quienes ya trabajan con nuestros trajes: la protección de un EPI depende también de cómo se lava y se guarda, ya que tanto el acolchado interior como la capucha de malla se estropean sin que se aprecie a simple vista. Por ello es importante aplicar las pautas de conservación específicas para este tipo de trajes.
